Glutamato Monosódico (E-621)

El otro día leí un artículo en la web viadimension sobre el Glutamato Monosódico (GMS). Venía a decir que los científicos, para estudiar la obesidad y la diabetes, problema cada vez más frecuente en nuestra sociedad, inyectaban a los ratones recién nacidos GMS. Esto hacía que la cantidad de insulina que el páncreas crea se multiplicara por tres, causando la obesidad en las ratas, animales que por naturaleza no lo son.

El problema es que este veneno se encuentra en multitud de productos, tan comunes como los Doritos, las papas Lays, las salsas Heinz o los aderezos de Kraft. Problema al que añadimos la dificultad de localizarlo en el listado de ingredientes, ya que casi nunca lleva el nombre completo “glutamato monosódico”, ocultándose en nombres como “saborizante natural”, “proteína vegetal hidrolizada”, “extracto de levadura autolizada”, “accent”, “aginomoto”, “suavizante natural de carnes”… Si tienes suerte podrás reconocerlo en el aditivo E-621.

Los propios fabricantes del GMS admiten que su consumo causa adicción y que hace comer más (hasta un 40%) y que la gente elija los productos que lo contienen. No hace falta que lo admitan, está probado científicamente que el GMS causa obesidad, es adictivo y envenena lentamente. De hecho, algunos estudios lo relacionan con la diabetes, las migrañas y dolores de cabeza, el autismo, déficit de atención e incluso Alzheimer.

El GMS, que la mayoría de la gente relaciona con los restaurantes chinos, se introducjo en el abastecimiento de aliemntos en EE.UU. hace 50 años, y desde entonces se ha añadido y en dosis mayores en la mayoría de alimentos procesados, sopas y comida rápida.

De hecho, fue en 1968 cuando el Dr. Robert Ho Man Kwok habló del síndrome del restaurante chino, describiendo algunos síntomas que las personas más sensibles al glutamato monosódico podían padecer después de comer en un restaurante de este tipo: dolor de cabeza, crisis asmáticas, reacciones alérgicas (leves o moderadas), taquicardia, náuseas, vómitos, opresión en la nuca, en la cara y en el pecho, y en general, malestar, siendo síntomas leves y momentáneos.

Investigando un poco por ahí, casi todas las informaciones coinciden en que, aún sin poder demostrar que sea nocivo por sí mismo (siendo un aditivo químico saborizante yo ya no me fiaría), lo que parece claro es que tiene un efecto directo sobre el apetito, llegando a aumentarlo un 40%. Cuando comemos alimentos que contienen el E-621, parece que no podemos parar de comer. Además, como suele estar presente en productos ricos en grasas saturadas, la obesidad es una consecuencia directa.

Y terminamos con una curiosidad. El glutamato monosódico da nombre al quinto sabor, el umami (en japonés, “gusto sabroso”), que completa a los conocidos dulce, salado, amargo y agrio.

Leave a comment